¡En el 2022 vamos con toda por la Paz!

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En la Colombia del 2022 el intenso proceso electoral llevó finalmente, en una dividida decisión, al triunfo de quienes proclaman la “paz total”. Fue el reemplazo de la “paz con legalidad” del anterior gobierno. Pero, de nuevo ¿qué encierra este lema, y qué nos dice como CONSORCIO para la construcción de un “desarrollo humano integral con énfasis en los más desfavorecidos”, como pretendemos? Analicemos…

1. No funciona la paz “por segmentos”.

Cuando se ha hecho la paz con algunos actores o en determinados territorios se presenta el conocido fenómeno del globo, que se aprieta en un lado y se infla en otro. De hecho, fue lo que sucedió en el Acuerdo de Paz -AFP- con las FARC: los territorios que ellas ocupaban, y en los cuales cumplían funciones de Estado, no fueron ocupados por el Estado legitimo. Parodiando a los clásicos: la sociedad le tiene horror al vacío.

2. Procesos simultáneos pero diferenciados.

Claro, la paz total (“eterna” decía Kant) es una condición general, básica e insustituible para la vida de una sociedad. Pero en las condiciones de Colombia, con esta mezcla trágica de violencias, ¿es legalmente posible?

El gobierno argumenta: Se van a llevar los dos procesos simultáneos pero diferenciados: con los grupos que esgrimen razones políticas, las disidencias, se puede aplicar el mismo marco del AFP, y para los grupos armados organizados delincuenciales, existen los marcos legales de Justicia y Paz, y la JEP.

3. Protagonismo de la Sociedad Civil

Como muchas de las tareas que tiene el Estado, la paz también le queda grande si la emprende solo. Fue otra de las causas de entrabe del AFP. La división del país, prácticamente por la mitad, generó o agudizó la polarización que tanto daño nos ha hecho y que volvió a presentarse en las pasadas elecciones. Esa paz total sólo será posible cuando constituya un verdadero propósito nacional, por encima de las disputas políticas. Lo cual requiere amplia información y profunda formación de la opinión pública.

ENTONCES: La Sociedad Civil organizada tiene un rol fundamental en armonizar la concurrencia de los otros dos grupos de actores que componen la sociedad moderna: el Estado y el Empresariado. Asumamos la responsabilidad que nos corresponde.

4. Los territorios tienen la palabra

Así como las violencias tienen tintes regionales, la construcción de paz debe estar en sintonía con las condiciones y promover el protagonismo de los actores territoriales. Una partitura nacional con creatividad por parte de las regiones, como en el jazz.

ENTONCES: La sintonía con las comunidades y organizaciones de base es irremplazable. Presencia en la cotidianidad de las comunidades.

5. El desarrollo sigue siendo el nuevo nombre de la paz

La conocida y retadora frase de Paulo VI tiene plena vigencia. En el origen de las violencias siguen estando las diferencias políticas y económicas que, en nuestro país, se manifiestan como exclusión extrema. Por eso un Desarrollo Humano Integral construido con la concurrencia y negociación entre todos los actores (¡todos!), es camino inevitable hacia esa paz tota. Mientras figuremos vergonzosamente en el grupo de países más inequitativos del mundo (estando, mismo tiempo, en el club de la OECD…) seremos un barril de pólvora con potenciales estallidos sociales.

ENTONCES: La propuesta de CONSORCIO de un Desarrollo Integral Territorial – DIT-, construida y probada durante dos décadas con múltiples entidades y miles de actores territoriales sigue siendo el camino.

Legalidad, coherencia, responsabilidad, presencia en la cotidianidad de las comunidades y aporte de metodología para el Desarrollo Integral Territorial, son las pautas de Consorcio para contribuir a la construcción de la Paz Total en el nuevo contexto político que afrontamos.